martes, 28 de junio de 2016
El gran regalo
Eran las 11 de la mañana del 26 de marzo de 1968, acabábamos de salir de misa mi madre y yo e íbamos a comprar helados para el almuerzo, porque era domingo, cuando intempestivamente sentí algo mojado en mi bajo vientre, la mojazón seguía y seguía, Francisco, mi primogénito, comenzaba a nacer.
Mi madre conocedora en esas lides, me dijo: no te preocupés, se reventó la fuente. Nos fuimos a la casa y desde allí mi marido llamo al doctor Broutin, quién le dijo que nos fuéramos a la Clínica Santa Rita y que lo esperáramos ahí.
Las enfermeras de ese lugar, sumamente hábiles, me examinaron, me dieron una habitación, me prepararon y alguna se quedó conmigo midiendo el tiempo transcurrido entre cada contracción, cuando llegó el doctor me puso una inyección, dejé de sentir dolor y finalmente Francisco llegó a este mundo.
No puedo explicar la sensación de tener un hijo, tenerlo por primera vez en mis brazos, es increíble, uno lo ve perfecto, y por que no decirlo, la sensación de orgullo de haber podido lograr esa maravilla.
El tiempo pasó demasiado rápido, hubo que regresar a la casa. Uno se acostumbra a pensar que una personita ocupa un lugar muy importante. No se sale de noche porque se está pendiente de las horas de comida, de preparar la comida que ese nuevo habitante de la casa necesita y es diferente a la que come el resto de la familia. Todo es nuevo y maravilloso, yo creo que una mujer nunca es la misma después de tener un hijo.
Pero no sólo ese día fue importante para mi, casi dos años después, el 26 de octubre de 1969, aparece Mauricio en mi vida.
En ese momento, ya era una chica conocedora y dado que siempre trabajé en educación, consideramos que lo mejor era que el nuevo hijo o hija naciera al final de octubre, debido a que a los maestros, la Seguridad Social les da de asueto 3 meses antes y uno después del nacimiento, de esta manera debía regresar al trabajo en el mes de diciembre que dan inició las vacaciones de tres meses. Para tal evento nos preparamos. Sucedió de acuerdo a lo planeado, Mauricio nació un 26 de octubre, el mes terminaba el 26 de noviembre. Ningún director quería una profesora que llegará a importunar al sustituto por cuatro días, así que pase esos días haciendo labores de oficina y de nuevo, vacaciones. Podía dedicarme a mi nuevo niño en su totalidad, desde luego dejando también tiempo para el mayor que aún no era suficiente grande.
Esos tres meses con mis niños fueron una época maravillosa, no tengo palabras para agradecer al Buen Dios haberme permitido esa alegría dos veces en mi vida.
Un día espectacular.
A pesar de estar en las montañas y que el clima no se comporta igual que en otros sitios amaneció un hermoso día, claro y soleado. Eso si, era un día muy ventoso, el céfiro amenazaba y lo lograba muchas veces, quitar en sombrero o la gorra deportiva a las personas que esperaban evitar con su uso los rayos ultravioleta del sol, estaba en las montañas rocosas en Estados Unidos.
Sentada frente al gran lago, vi de pronto una enorme ave que se dirigía al agua, parecía un águila por su tamaño y su fuerza, a la distancia lo veía de color negro con pintas blancas. El pájaro, sin dejar de volar, sólo metió las garras y salió con un pez entre sus garras, pero... que sucede?, el ave está dando vuelta al pez de manera que una parte quede bajo su cuerpo y la otra esté en la misma dirección de su pico. Hecho esto, el ave se aleja volando sin soltar su presa.
Mis amigos me dicen que es un águila pescadora se llama en inglés osprey.
Pienso, desde mi punto de observación que el ave no quiere perder velocidad por un pez que le interrumpe el favor del viento, pero como sea, ¡estoy sumamente asombrada!
Este lugar no deja de sorprenderme.
Olga E Brenes
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