Ricardo Jiménez
En la Penitenciaría Central y me imagino que en otros
centros penales del país para matar el ocio, los presidiarios jugaban el diez
(¢0,10) con caca, recuerdan aquellas
pequeñas moneditas, sí con esas se entretenían en un juego que es el único
lugar donde lo he visto.
El juego lo realizaban entre ocho y diez personas que
formaban un circulo, cogían una de esas moneditas y las embarraban de caca,
después de eso las colocaban al centro.
Las moscas atraídas por aquél olor a caca sobrevolaban
y caían en picada sobre las monedas y a la primera moneda que se le parara una
mosca, el dueño jalaba todas las moneditas y se ganaba los ochenta céntimos o
el colón de los apostadores.
Así con todo y caca se metían las monedas dentro de la
bolsa del pantalón, ya con la ganancia producida por el juego podían comprar
café, pan, salchichón, confites, etc.,
un colón dentro de la cárcel era un harinón como decían ellos, otros
decían que eso era un vergazo de plata.
Esta es parte de las anécdotas vividas en el tiempo
que me tocó trabajar para la sección de cárceles del Poder Judicial.
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