miércoles, 22 de junio de 2016

Mal oliente.

Ricardo Jiménez 


En la Penitenciaría Central y me imagino que en otros centros penales del país para matar el ocio, los presidiarios jugaban el diez (¢0,10)  con caca, recuerdan aquellas pequeñas moneditas, sí con esas se entretenían en un juego que es el único lugar donde lo he visto.
El juego lo realizaban entre ocho y diez personas que formaban un circulo, cogían una de esas moneditas y las embarraban de caca, después de eso las colocaban al centro.
Las moscas atraídas por aquél olor a caca sobrevolaban y caían en picada sobre las monedas y a la primera moneda que se le parara una mosca, el dueño jalaba todas las moneditas y se ganaba los ochenta céntimos o el colón de los apostadores.
Así con todo y caca se metían las monedas dentro de la bolsa del pantalón, ya con la ganancia producida por el juego podían comprar café, pan, salchichón, confites, etc.,  un colón dentro de la cárcel era un harinón como decían ellos, otros decían que eso era un vergazo de plata.

Esta es parte de las anécdotas vividas en el tiempo que me tocó trabajar para la sección de cárceles del Poder Judicial.   

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