Ricardo Jiménez
Me levanto y le doy gracias a Dios por el
don de la vida y de la salud. Me apresto
a darme un buen baño con abundante agua fría, después salgo, me secó el cuerpo,
me visto, me pongo desodorante y embadurno la cara con colonia 8711. Desayuno con un cafecito negro acompañado de
pan blanco y torta de huevo de color amarillento que he preparado para mí y
para mi esposa.
Al poner un pie fuera de mi casa los
saludos amables de los vecinos y conocidos “morado ¿Cómo está?”, respondo, pura
vida, otro me pregunta ¿Morado, cómo queda el Sapri?, le respondo vamos a ganar
y así, entre saludo y consulta, voy feliz y sonriente, me digo, éste día lo
enfrentaré con mucha energía, el recorrido que estoy iniciando me llevará a un
paseo que usualmente hago pero que en cada ocasión miro cosas diferentes.
Después de pasar por diferentes comunidades
en donde he podido observar las pocas nubes con colores grises y blancos y una
bóveda despejada de color celeste así como una enorme cantidad de carros,
rojos, azules, verdes, plateados, amarillos, grises, blancos, celestes,
champán, etc., llego al lugar deseado y desabordo el bus que gracias a la
pericia de un buen chofer me ha trasladado hasta ése sitio sin ningún problema.
A la hora prevista entro a mi destino y camino
por sus aceras y senderos rodeados de altos árboles, de jardines y bella
vegetación; levanto mi cara y veo entre las ramas de los árboles, aves,
ardillas, gusanos, arañas y sus enormes tejidos, lagartijas, abejones….; en ése
instante digo, gracias Padre Creador por tanta diversidad con sus múltiples
tonos y colores.
Qué contrastes, cielo azul despejado con
poca nubosidad, viento fuerte que hace que las ramas de los árboles se agiten y
boten las hojas verdes o las secas de color café. De ellos se desprenden flores de color
rosado, blancas, lilas, moradas o las naranja que sobre el suelo dan la
sensación de una enorme alfombra multicolor.
La brisa que corre, acaricia mi rostro con una sutileza como si se
tratara de un guante de seda.
En mi soliloquio pienso en el otro lugar
que me espera, es un sitio lleno de exuberante
flora detrás de la cual queda una quebrada donde el agua fluye y llora en un aparente
clamor por la contaminación en que la han sumido humanos irresponsables que con
sus actos quieren destruir el planeta.
Ya en el lugar, mis pupilas siguen llenándose
de la grandeza de Dios, sobre la vegetación y debajo de ella observo aquellas
culonas de color café, cabeza y ojos grandes, patas largas y enormes mandíbulas. Trabajan fuertemente y sobre sus espaldas jalan
de un lado a otro, enormes trozos de hojas verdes, mi respeto para las zompopas
cortadoras que llevan los alimentos a sus trincheras, esos pequeños insectos de
color café son un ejemplo para toda la humanidad.
En el mismo sitio es común observar a los
come maíz con su pico corto y recto, con su corona y cara grises y una banda
negra en el centro, su garganta es blanca y lleva un collar alrededor del
cuello color canela, son de vientre y pecho pardo claro o blanquecino, ellos sin
temor a las personas que les estamos mirando, mueven sus alas para saltar o
volar de un sitio a otro en busca de alimento.
Parece mentira, aunque son viudas no van de
negro y tampoco se ven alicaídas; por el contrario, son alegres, vivaces, de un
color gris con celeste, ojos negros, pico
pequeño grisáceo, patas de un tono entre negro y gris, ahí les veo revoloteando
o paradas sobre un árbol o una cerca buscando qué comer.
Fue declarado como ave nacional, se
distingue por su canto potente y melodioso sobre todo cuando se acerca la época
lluviosa, su plumaje es de un color pardo amarillento, más claro en la garganta
y el vientre, ojos de color pardo rojizo, pico amarillento y patas parduzcas,
me encanta verlo cuando escarba el suelo en busca de lombrices, gusanos u otros
insectos.
Dibujan en el aire una bella pintura
natural, son de color blanco, amarillo, negro con pintas amarillas, amarillo
con negro, café con pintas rojas, blanco con negro, otras con un tono menos
intenso que el rojo pero vivo como el naranja.
Qué lindas se ven con sus alas extendidas
en una danza digna de nuestro majestuoso Teatro Nacional, al batir sus alas se
desplazan de un sitio a otro con una cadencia y un ritmo que más de un
integrante de las escuelas de danza moderna les envidian.
La flora y fauna variopinta contrasta con
los grandes edificios y los puntos donde hay recipientes de color azul para el
acopio de la basura, los cuales se encuentran separados por mallas plateadas
donde los camiones de color celeste con sus siglas UCR en color blanco se
acercan para recoger la basura que será trasladada hasta el relleno sanitario
del huaso en Desamparados.
Gracias a Dios lo aquí descrito lo he
podido observar durante los días lunes a través de las ventanas del aula 141 de
la Escuela de Ciencias Económicas, que es donde, Giselle García nos da la
libertad de escribir cosas, en el curso de escritura creativa conforme a
nuestra visión de la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario